“Y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús,” (Efe. 2:6).

Hemos tratado muchos métodos y programas para cumplir la Gran Comisión, pero uno no puede mejorar el plan ya introducido por Cristo Mismo. Tomó a doce hombres y cambió el mundo. Este pequeño grupo llegaron a ser unos evangelistas dinámicos que evangelizaron todo el mundo en sus  días.

Mientras que el mundo estaba en confusión por condiciones políticas y económicas-la iglesia primitiva oraba por una unidad diferente la cual el mundo nunca había visto. Esta unidad y amor entre los creyentes les hizo hablar el mismo mensaje y vivir la misma religión. Ellos eran uno en el Espíritu. Juntos vivieron y murieron por la difusión del Evangelio.

¿Cuál fue el método? Jesús enseñó a sus discípulos y ellos enseñaban a sus conversos, y el círculo se ampliaba continuamente, manteniendo los mismos principios y doctrinas. La palabra “juntos” se utiliza alrededor de 400 veces en la Biblia para describir la unidad de los creyentes con Dios y unos con otros.

Y hoy, el Señor está llamando a la Iglesia fuera de este mundo corrupto y mostrar su poder a través de un pueblo santificado, santo que se atreva a usar su nombre, vivir como la Biblia enseña y predicar en todas partes que si hay una oportunidad Su Espíritu dentro de nosotros nos está causando a querer hacer el trabajo. No nos estamos moviendo lo suficientemente rápido parece, el progreso es lento a veces, pero la Iglesia va a terminar el trabajo que se le dio por hacer. Ella victoriosamente conquistara este mundo y ser una esposa aparejada para ser presentada al Señor en aquel día.

Estoy seguro de esta unidad, ya que fue la oración de Jesús. “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos; Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste. Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también á mí me has amado.” (Jn 17:20-23).

Esta unidad de los creyentes no vendrá a través de medios naturales. Nosotros no somos lo suficiente listos para iniciar planes que produzcan algo tan glorioso como esto.  Las mentes humanas no pueden comprender la magnitud de esta escritura, pero a través de los ojos de fe y la rendición total a Dios y Su Palabra, nosotros veremos que Dios nos unirá para poder ver el progreso en este tiempo final.

No hay espiritualidad ni salvación fuera  de Jesucristo. Debemos de identificarnos completamente a Él. Participamos en Su vida.  “Y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús” (Efe 2:6). En El nosotros somos victoriosos. No hay derrota en Jesús. Esto es lo que nos motiva a vivir como cristianos. Identificándonos con un ganador.

Anduvo en el agua; Calmo la tormenta;  multiplicó los alimentos; disipó las enfermedades; asombró a expertos legales; levantó a los muertos; derrotó a demonios; vivió por fe; cumplió la ley; Sano al enfermo, al ciego, al cojo y al leproso; alcanzó a toda clase de personas; perdonó toda clase de pecado; con peces alimentó a Sus amigos; aguantó la dureza; abrazó al ladrón; el Infierno no Lo pudo vencer; la Muerte no Lo pudo retener; Él nunca fue derrotado.

Jesús es Victorioso, y recuerde, “Y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos”. ¡Qué privilegio! Pablo dice: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Rom 8:17). Con Cristo yo soy un heredero. Su nombre en mi cuenta es una garantía de la recompensa. Él nunca me fallará.

Hay otra unión hermosa. Es la unidad del Cuerpo de Cristo.  “¡MIRAD cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos igualmente en uno!” (Salmos 133:1). ¿Cómo es esto?-Siendo juntamente edificados. “En el cual vosotros también sois juntamente edificados, para morada de Dios en Espíritu.” (Efe. 2:22).

Deje la elección al Carpintero Maestro. Puede que sea una viga, o un tablón, o una tabla simple, o un pedazo decorativo. Puede ser que sea el suelo donde se pisa. Cada parte es necesaria. Usted es importante.

No dispute la elección. Tenemos que combatir juntos por la fe del evangelio, que significa tener unidad. Hay una confraternidad en Cristo. El objetivo es nunca un salario más grande, de ser una persona muy conocida, ni para subir a otra oficina. El objetivo es de promover el Evangelio. Usted no puede hacer esto al luchar con otras personas cristianas.

¿Cómo puedo ayudar yo? Puedo ayudar orando por otros, amando a otros, consolar a otros, ayudando con las cargas de otros, al hacer mi parte en el servicio de adoración, cantando y adorándole a Él, y exhortar el uno al otro.  Gracias a Dios por esta unidad en Cristo. Es grandioso ser parte de Cristo. Uno más juntos—”…juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire…” (1 Tes 4:17). Esto significa que ese ministro-padre santo y esa madre amorosa—los extrañamos ahora pero un día nosotros estaremos juntos. La salvación ofrece esta promesa. “Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados.” A través de Jesús esto es posible.

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado” (Lucas 24:5-6

)

 

De Jehová es la Tierra y su plenitud; el mundo, y los que en el habitan

Salmos 24:1